MAMÁ
Madre, tuve tu bienvenida al mundo,
inhóspito e insensible, pero vos hablás un lenguaje mudo
de amor incondicional.
Somos uno y dos, mi piel es tu piel,
solos y unidos en nuestro más profundo yo.
Como los budistas, en el lenguaje del silencio,
en un mismo espacio y tiempo, somos un organismo vivo
porque nos comunicamos en un idioma secreto para los otros.
Me desprendí de vos. El mundo
no tiene tus ojos, esta teñido de un sabor amargo; el mundo es cruel.
Ella también lo fue, necesito el olvido y tus ojos de madre
que como a un chico todavía me miran con un destello de luz.
Ernesto
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