martes, 31 de agosto de 2010

LA MUERTE

Cae la lluvia y el tiempo me moja. Escurro mis recuerdos, ya saldrá el sol con sus colores nuevos. El tiempo me ha despedazado, Junto mis pedazos. Esta calle cuántas veces me ha visto pasar y no me recuerda. El tiempo comienza a olvidarme, los lugares que frecuentaba ya no existen, sólo ese tiempo puro que por rendijas de nuestra vida a veces percibimos, nos deshace, somos el tiempo, somos la nada, somos el ser, somos en el conflicto.

Ernesto
DE LAS COSAS COTIDIANAS

La ausencia de tu sonido. Lo extraño. Clientes, amigos, familiares, todos acudían a tu ser. Ser un teléfono por más inútil que fuera, siempre nos traía muchos beneficios. Quizás alguien se acuerde de él para arreglarlo. De lo contrario, seguirán siendo infinitos los silencios, y más un fin de semana y siendo una persona sola que siente ausencias. Ojalá pronto te reparen y puedas seguir haciéndome compañía junto a mi perra, que por ahora ella no falta.


Mona

jueves, 26 de agosto de 2010

QUISIERA

Quisiera ser una diosa griega
para devolver vida a los que ya no están.
Quisiera ser una monja
para velar por su espíritu y protegerlos de una nueva muerte.
Lamentablemente soy un ser de carne y hueso
que entre desdichas y alguna que otra alegría sufre ausencias
y nada de lo antes dicho puede lograrse.
Tanta soledad me aísla y me permite llorar.
Aunque un futuro no muy lejano –a lo mejor–
traerá alguna dicha,
pese a la indiferencia de quienes están y no están.


Mona
PATRICIA

Dibujo letras, hago signos de este amor desesperado.
No es la transferencia,
es el amor que salva, que cura, que abraza el vacío,
que proclama un tiempo mejor.
No es el tiempo del psicoanálisis.
No quieren el olvido esos recuerdos,
ni los sueños transcriptos en palabras alucinadas.
Patricia, te necesito, no para que el alma sea algo inmanente
sino el cuerpo. Dale sol a mis ojos de noche.
Patricia, necesito alguna excusa, un porqué, una esperanza para seguir amando.

ERNESTO
MAMÁ

Madre, tuve tu bienvenida al mundo,
inhóspito e insensible, pero vos hablás un lenguaje mudo
de amor incondicional.
Somos uno y dos, mi piel es tu piel,
solos y unidos en nuestro más profundo yo.
Como los budistas, en el lenguaje del silencio,
en un mismo espacio y tiempo, somos un organismo vivo
porque nos comunicamos en un idioma secreto para los otros.
Me desprendí de vos. El mundo
no tiene tus ojos, esta teñido de un sabor amargo; el mundo es cruel.
Ella también lo fue, necesito el olvido y tus ojos de madre
que como a un chico todavía me miran con un destello de luz.

Ernesto