sábado, 26 de junio de 2010

Isabel

Isabel, insondables somos,
la esfinge en el espejo, solo un signo.
El fuego nos consume en el tiempo,
acechados por los dioses
que tejen nuestro destino.
Isabel, somos pozos profundos donde se caen las palabras.
Habitamos en el desconcierto de un mundo
poblado de otros rostros mudos, inermes,
ríos de palabras congeladas, de ojos ciegos,
me siento entre muros, una palabra en un laberinto.
Los hombres se pierden en palabras vacías.
Solo la poesía da al lenguaje, hombres y dioses su hospedaje.
Solos como abismos en lo inconmensurable
de dos soledades pobladas de ausencias.

Ernesto

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