miércoles, 26 de enero de 2011

La autora coordina también un taller literario: "El Caldero" (http://www.vargasmachuca.com.ar/NellyVargasMachuca/index.html)

La portada del sitio web aparece encabezada por la siguiente frase, que me parece valioso reiterar en nuestro espacio:

“A veces, en las tardes, una cara nos mira desde el fondo de un espejo.
El arte debe ser como ese espejo, que nos revela nuestra propia cara”
Jorge Luis Borges


Saludos,

Movie Dealer

martes, 18 de enero de 2011

Rompecabezas

Pienso que la vida es… No, un tablero no. Un rompecabezas. Andás luchando por colocar las piezas y vas armando retacitos aquí, retacitos allá. Un día agregás, el otro retocás, rehacés. Complicado, porque no tenés dibujo, no viene en cajita con el modelo en la tapa. Manoteás del montón, buscás, buscás, y si tenés suerte, encajás un rulito de algo, un apéndice cualquiera, no gran cosa. Los colores se arriman, son vistosos, pero un color sin destino, una marea de piecitas azules, por ejemplo, ¿Qué es? A lo sumo, una esperanza.
¿Es redonda la vida o es cuadrada? No sabés. Hay una gran diferencia, y todo el tiempo tratás de descubrirlo. Porque, si es redonda, rueda. Todo lo redondeo rueda, vuelve. Ahora, si es cuadrada, estás en un problema, hermano. Las esquinas son finales, cada recta tropieza con otra, no hay fluir, todo se corta. Es más difícil.
Bueno, me fui… La idea era el rompecabezas, y como cachitos de orden que tenés, construidos, oasis aquí y allá, en un desierto de cartón. Y de repente, vos manoteás, como siempre, casi sin ganas, por rutina, te sale el comodín, la clave, la pieza que te permite ir hallando el sentido. Y te parece que empezás a ver algún diseño, vislumbrás una idea general.
Ahí te das máquina. Vas armando un gran charco con pretensiones de mar. Te decís: “Soy un tipo con suerte, ahora quiero seguir, me está gustando…”
Entonces, alguien te toca el hombro, alguien que no se deja ver, y te alcanza una piecita chiquita, casi insignificante, que vos no tenías vista ni de casualidad.
Y bue…, la mano va sola al lugar justo, y la piecita, bendita sea, va llamando a otras, como si les silbara, saltan a tu mano y de ahí al rompecabezas, que ahora se va armando. Cuando lo ves, todo esta claro. Sabés en que lugar vas a ir poniendo lo que falta, y eso te deja tranquilo. Es, no sé,… una especie de felicidad.
Empezás a disfrutarlo, a tomarte tu tiempo para ir colocando despacito las piezas que te faltan, sabiendo que vas bien, que le encontraste la vuelta, que es redonda la vida, ovaladita si querés, y que todo fluye por si mismo, aunque se corte, mirá lo que te digo.
Eso, hermano, es lo que me paso a mí.

Nelly Vargas Machuca
del libro “Tintas leves”

Un viaje a la sabiduria de los humildes

Mabruk era un beduino de Alcázar Kebir. Le llamaban el Attar1. Desde que tenía uso de razón fue siempre vendedor ambulante.

Mabruk se casó tarde con Mabruka, una joven berebere negra de la tribu de los Ait Jacob.

Salió antes del amanecer. Rezó solo ante el desamparo de dios. El juez lo recibió con un gruñido. Mabruk le contó que era Attar y que viajaba mucho y que aquella vez había quedado cuatro años fuera de casa y que cuando regresó encontró en casa a cuatro niños hermosos y bien educados, gracias a dios, el clemente y misericordioso, y que para él eran sus hijos y los quiere como todo padre quiere a sus hijos desde que el mundo es mundo y desde que el hombre pronunció por primera vez la primera palabra, pero que la gente hablaba mucho y decía cosas sobre su mujer y eso le preocupaba sobremanera, porque atentaba en contra de su honestidad de hombre de fe, que ama a dios y teme su castigo.

El cadí mandó llamar a Mabruka.

Le recitó los hechos y ella dijo:

– Señor cadí, mi marido viaja mucho y lo hace por nosotros. A veces no lo veo en tres o cuatro años. Usted que conoce las leyes de dios sabe que la soledad es también femenina y es la misma que acompaña a mi amado Mabruk en sus largos viajes. Así que cuando le echo de menos, cosa que ocurre con frecuencia, me pongo su pantalón y me acuesto. Disfruto, a dios gracia, y para gloria del todopoderoso, me quedo embarazada. Estos hijos son nuestros, señor cadí y dios lo sabe.

El juez envuelto en su albornoz blanco miró a Mabruka y dijo:
–¿Has oído lo que dijo tu mujer? Esos niños son tuyos, pero por encima de todo, son criaturas del Islam.
Mabruk cogió a Mabruka de la mano y volvieron a casa. Por la noche viajaron juntos al espacio al que sólo el deseo tiene acceso. Cuando ella quedó dormida, contempló la carne de su boca y agradeció al creador de tanta belleza reunida en un hermoso rostro.

Al día siguiente, se despertó al amanecer sin hacer ruido, preparó sus recuas y emprendió un nuevo viaje hacia la sabiduría de los humildes.


Larbi El Harti