sábado, 13 de febrero de 2010

Final de "La Creciente" de M. Esther de Miguel

Llegó la noche y ella seguía ahí. Por suerte, la maldita agua dejó de subir y de a poco hasta empezó a bajar.
Al otro día ya pudo volver a estar sobre la mesa y por la tardecita ya no había quedado más agua en el rancho.
Pensó: "Ahora sí hai de estar al caerse el Sánchez".
Y Doña Ciriaca no se equivocó. Al otro día el Sánchez llegó como siempre y, como si nada hubiese pasado, le dijo: "¡Güenas Doña! ¿No habrá un amargo?" Y ella sin dudar fue a encender el fuego para poner a calentar la pava renegrida que siempre la acompañaba.

Por Emily

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