domingo, 28 de febrero de 2010

Canción de Cuna

“¡No puede ser! 45 minutos, ¿ya? Solo dos meses… ¡¿Por qué no pudo esperar dos meses más para nacer?!” Asumo que éste debe haber sido uno de los muchos pensamientos que cruzaron la cabeza de mi papá durante mi primer año de vida. Más específicamente, durante las noches de ese período.
Siendo un bebé prematuro, mis pulmones no estaban del todo desarrollados cuando llegué a este mundo. No corría riesgo de vida, o al menos eso estimo, pero sé que durante meses mis papas tuvieron que hacerme nebulizaciones todas las noches antes de dormir. Me acostumbré a ese ruido que la mayoría de la gente odia (cabe recordar que en1985 los nebulizadores, como todo otro aparato eléctrico, eran más ruidosos que los de ahora) y lo adopté como “canción de cuna”.
El problema surgió cuando, una vez superada la deficiencia respiratoria, ya no necesité de las nebulizaciones. Ahora, ¿cómo dormir sin mi canción de cuna? Por suerte, ahí estuvo mi papá, de profesión ingeniero, para -justamente- ingeniar una solución.
Grabó en un cassette el sonido del nebulizador y todas las noches lo prendía junto a mi cuna para que yo me durmiese. Y ahí lo dejaba… hasta que, pasados 45 minutos, la cinta saltaba y yo me despertaba. Mi llanto era su despertador: mi papá se levantaba, subía la escalera y pacientemente daba vuelta el cassette para poner “play” una vez más. Y así fue su sueño: intermitente durante muchos meses. En realidad, no puede atribuírseme toda la responsabilidad por ello: no es mi culpa que en los radiograbadores, la función “repetir” no existiese o que aún no tuviésemos una reproductora de CDs.
No importa la razón, así fue como sucedió. ¿Habría sido yo igual física, intelectual e incluso emocionalmente, si hubiese nacido dos meses después? No lo sé. Pero me atrevo a afirmar que mi papá habría dormido mejor.

por Mulito

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