Hay deportes solitarios altamente placenteros. Yo practicaba surf asiduamente y para estar próxima al mar me mudé a Mar del Plata. Es increíble correr una ola, es lo más loco que he hecho. Comprender el lenguaje del mar, su ritmo y su cadencia transportan a una especie de éxtasis difícil de explicar. El mar respira, es un organismo viviente inconmensurable. Contemplarlo es contemplar la grandeza de la Creación, sugiere el delirio Divino y me retrotrae a las theia manías platónicas. Es arte puro. El cuerpo y el alma se unen, se complementan armónicamente a un fin y participan activamente en esa inmensidad.
Para mí que aprendí a hacer surf ya grande, tenía 28 años más o menos, lo viví casi como Hércules en alguno de sus 12 Trabajos. Realmente estaba convencida a la medida que avanzaba todo era trabajo y esa cuesta era hacia arriba, pero la sensación de gozo en el avance era tan prometedora que nada más importaba. El peligro de las olas enormes y los revolcones con arena o cristales o rocas, forman parte de la misma aventura.
El mar no es anárquico, su movimiento es claro y preciso, por eso hay que observarlo bien antes de entrar con una tabla. Hay momentos cada tantos minutos en que el mar se pone calmo, no hay rompimientos importantes, por eso los que están en el point esperan cabalgando la tabla sentados sobre ella porque las olas son mas débiles y no rompen o no tienen la fuerza suficiente para hacerte volar a toda velocidad sobre la tabla una vez que lograste tomar la ola.
El point es ese sitio donde se forman las olas para correr mar adentro. Cuando sucede ese momento de calma es el momento de entrar al mar y remar rápidamente hasta el sitio adecuado, durante ese instante de calma el mar te chupa y es más fácil remar, el point es un punto especial, no siempre está a lo largo de toda la franja que recorre la costa, por eso casi todos los surfers acuden y se agrupan en el mismo punto.
Después del momento de calma sucede que, poco a poco, van formándose las olas rompientes y toman cada vez más volumen, mejor forma y uno espera la que cree que es mejor para correrla, entonces hacés un giro y te jugás por la ola elegida y ahí está el quid también porque en una mala elección y con un mar bravo se te juega la vida , un revolcón de esos es peligroso mucho más si hay corales y, en cualquier caso se te puede partir la tabla o pasarte alguna otra cosa lamentable.
Ésto sucede rítmicamente sólo es cuestión de observar, de hacerse mar con el mar. Después corrés la ola, te parás sobre la tabla parece eterno, algo debe pasar con los hemisferios del cerebro porque es la sensación de ver la jugada de gol y hacer el gol durante minutos todo el tiempo como eternamente. El gozo que genera es inefable. En ese momento el presente es absoluto.
Chipi Chipi Bombon
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