martes, 30 de marzo de 2010

El Bar

Recuerdo que tendría 8 años aproximadamente y que mi papá Adino, así se llamaba, solía ir todas las nochecitas a un bar que estaba a la vuelta de mi casa, a jugar a las cartas, y que mi mamá Emilce, se quejaba de que no estaba en casa para la hora de la cena.
Un día cansada de que siempre se repitiera la misma situación, apenas termino la queja de mi mamá me dije: tengo que hacer algo para que esto no pase más; y lo primero que se me ocurrió fue que tenía que ir hasta el bar y de alguna manera traerlo de nuevo a mi casa. Y así fue, sali de mi casa y mientras que caminaba hacia el bar iba pensando en que le iba a decir pero nada se me ocurria. Llegue al bar y entre.
Mire para todos lados y en un costado lo veo a mi papa sentado en una mesa muy campante jugando a las cartas junto a otros 3 hombres. Fui y me paré al lado suyo y sin dejarlo decir una palabra le dije: Vamos ya para casa que tenés que ir a lavar los platos.
El me miró, miró a sus compañeros y todos se empezaron a reír, sin embargo yo, seguía muy seria y le dije: ¿No me escuchaste? Y el con todo su amor se levantó, saludó a sus compañeros, me tomo de la mano y me dijo: Vamos hija.
Llegamos a casa y mi papá le contó a mi mamá todo lo ocurrido, y juntos no paraban de reírse.
A medida que fueron pasando los años y que fui creciendo cada vez que recordábamos esta anécdota no parábamos de reírnos.


Emily

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